“Durante el comunismo, podías caminar por la calle con seguridad – no como ahora.”

Según un estudio realizado por INSCOP por encargo del Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo y la Memoria del Exilio Rumano (IICCMER), publicado en julio de 2025, el 75,1% de los rumanos cree que durante el comunismo existía más seguridad pública.
Sin embargo, esta percepción idealizada ignora una realidad dura: la criminalidad en el comunismo fue ocultada mediante un estricto control de la prensa y un silencio impuesto por el Estado. Los crímenes ocurrían, pero no se informaba sobre ellos en los periódicos y nunca aparecían en la portada.

A continuación, presentamos cuatro casos estremecedores que revelan la cara oculta de la criminalidad durante la dictadura comunista — casos ignorados o encubiertos por las autoridades de la época.

Los crímenes de Poiana Brașov – “Operación Bradul” y el culpable invisible

Entre 1969 y 1971, cuatro mujeres — entre ellas, turistas extranjeras — fueron violadas y asesinadas brutalmente en las estaciones de montaña del condado de Brașov. La prensa fue silenciada, pero los detalles macabros se difundían de boca en boca: estrangulación, agresión sexual, cuerpos abandonados en el bosque y cubiertos con hojas.

Los casos fueron investigados en secreto bajo el nombre de “Operación Bradul”. Uno de los principales sospechosos, el coronel Stelian Perianu, oficial del DIE y esposo de una de las víctimas, fue protegido a pesar de las pruebas que lo implicaban. El caso fue cerrado en 1986 y los documentos oficiales fueron destruidos. Es uno de los ejemplos más inquietantes de un asesino en serie del comunismo que nunca fue capturado, y cuya verdad fue silenciada por el sistema.

Ion Rîmaru – El vampiro que aterrorizó Bucarest

A principios de los años 70, Bucarest vivió una ola de terror. Un asesino en serie atacaba mujeres por la noche, en zonas oscuras y poco vigiladas. Muchas de las víctimas fueron violadas, mordidas, mutiladas e incluso, en algunos casos, desangradas.

Ion Rîmaru fue capturado en 1971 y ejecutado. Más tarde se supo que su propio padre también había sido un asesino en serie, nunca encarcelado por el régimen. Este caso de criminalidad en el comunismo fue ocultado por las autoridades hasta que ya no pudieron controlar la situación.

Anca Broscățeanu – ¿Error judicial o crimen encubierto?

En julio de 1977, Bucarest quedó conmocionada por el hallazgo de restos humanos de una joven. La víctima, Anca Broscățeanu, había llegado desde Sibiu para presentar su examen de ingreso a la universidad. La policía actuó con rapidez: arrestó y torturó a un taxista, Gheorghe Samoilescu, quien confesó bajo presión.

La verdad salió a la luz recién en 1981, cuando Romca Cozmici fue detenido intentando cometer un crimen similar. En su posesión se encontró el reloj de Anca, con la foto de su novio en el interior. Cozmici confesó el asesinato. Este caso sigue siendo una de las peores injusticias judiciales de Rumanía — o quizás un crimen encubierto deliberadamente para sostener la imagen de “seguridad” tras el escándalo de Rîmaru.

El asesino de Año Nuevo – Cuatro años, cuatro niños asesinados

Entre 1985 y 1988, cada noche de Año Nuevo, un niño huérfano aparecía muerto en Buzău, apuñalado 24 veces. Todos los crímenes llevaban la misma firma. El autor era Grigore Uruc, un campesino analfabeto que logró burlar a las autoridades durante cuatro años, a pesar de que Nicolae Ceaușescu pidió personalmente que se resolviera el caso.

Estos crímenes demostraron las limitaciones de un sistema represivo que, pese a su dureza, no pudo identificar a un asesino en serie peligroso. Uruc fue capturado recién en 1988 y ejecutado. Fue el penúltimo condenado a muerte en Rumanía. Sus víctimas — niños vulnerables, sin hogar ni protección — fueron abandonadas por un sistema que decía proteger a todos.

Conclusión: Crímenes ocultos, silencio forzado

Estos casos son solo algunos ejemplos de los múltiples crímenes cometidos durante el comunismo que no fueron investigados correctamente o fueron encubiertos. Desde asesinos en serie protegidos por el sistema hasta investigaciones manipuladas y víctimas olvidadas, la verdad sobre la criminalidad en el comunismo fue distorsionada para mantener la ilusión de un régimen “seguro”.

En el Museo del Comunismo de Bucarest, contamos la historia completa. Te invitamos a descubrir la realidad detrás de la propaganda visitándonos en el Casco Antiguo, en la calle Covaci n.º 6.